Wilco se ha convertido en una banda de intachable reconocimiento en la escena folk-rock americana. Su calidad musical y compositiva es innegable. Suenan personales, experimentales, con tendencia a lo atípicio, para lo que han domostrado una gran habilidad, tal y como reflejaron en A Ghost is born o Yankee Hotel Foxtrot, aunque en la actualidad tiendan hacia composiciones más puras, desnudas y naturales, La seriedad y el compromiso que han mostrado a lo largo de toda su carrera la cual ha evolucionado de una forma sensacional les ha colocado en ese status privilegiado de la escena independiente americana.
Con su última entrega Wilco (the album), han vuelto a desmostrar todo esto de lo que hablamos, siguiendo esa senda de canciones más sencillas que iniciaron con su esupendo predecesor, y quizá algo más completo, trabajo Sky blue sky. El inicio es sensacional, destacando “One wing” (para mí el mejor corte del disco) o “Bull black nova” con el que se empapan de ese istrionismo característico de los álbumes que les hicieron más reconocidos. Entre las más intimas, resultan estupendas y muy emotivas “Solitaire” y “Everlasting”, con la que cierran el disco, y “I’ll fight” se corona como la más directa hacia los oidos.
Gran trabajo de una banda que en plena madurez se decanta más por la sencillez y las buenas canciones, y ellos las saben hecer muy bien. Desde luego que estará entre los mejores del año.
Quizá tenga algo o mucho que ver esa naturaleza polvorienta y de carretera del sonido característico de Calexico como banda de acompañamiento. Suenan a lo que suenan, es su sino, para bien o para mal, aunque a mí, últimamente, sólo para lo primero. La instrumentación que regalaron a Jairo Zavala (Depedro) es de lo más afortunada para una voz apagada pero de gran expresividad. Todo suena cercano. Se respira, se huele, se siente sin pretensiones de grandeza. Oficio y calidad siempre fueron buenas compañeras de juerga.
"Depedro" es un disco que me gustó ya en su primera escucha, pero menos de lo que me gusta ahora, y lo cierto es que últimamente se ha reproducido bastante en mi mp4. Con melodías estupendas de emotimividad y festividad. De raiz, de sabor sudamericano, muy cercano a experiencias de amor destinadas a la latente nostalgia, de las que que se recuerdan como las que azotaron fuerte nuestros sentimientos. Un disco de lloronas que abandonaron camas, de mañanas y comanches, de unos tragos en magnífica compañía y de viejos trovadores.
"Aunque la vida me cueste, llorona, no dejaré de quererte".
De repente, una voz forzada y agresiva, algo punk, con algunas dificultades para afinar con precisión en los graves, de esas que nunca te han gustado de forma especial, por fin llega a conciliar contigo. No a entusiasmarte, ni mucho menos, pero si a entender su particular expresividad. Un buen ejemplo de éstos es el de Karen O.
Pero la música no sólo es voz, y para que ésta adquiera expresividad musical suele necesitar (no siempre) de aquélla. En cuanto a música, la susodicha Karen se peleaba con ese punk "noise" estridente y agotador en esa "opera prima" titulada Fever to tell, disco y estilo que nunca me cuajaron (y nunca me cuajarán); lo cierto es que de ni uno ni otro llego a aguantar más de un puñado de canciones seguidas. De repente, se pasa por el colador de la melodía, el gusto en la producción, el rock'n' roll y la energía controlada y nos da ese interesantísimo Show your bones y, este año, el más electrónico y enérgico It's blitz.
En condiciones normales no me gustaría, pero en realidad me gusta. Por qué explicar una pura cuestión de gustos. Me gusta It's blitz, Karen, las guitarras de Nicolas y canciones como "Zero", la cual después de tanto tanto tiempo me ha hecho bailar (había olvidado lo divertido que era), "Dull life" y "Runaway".
Desde la publicación en 1997 del imprescindible Time out of time hasta hoy Dylan parece estar en un permanente estado de gracia. Aquel disco lo rescató de un década (los ochenta) olvidable para él, una década de trabajos muy poco inspirados (salvo Oh mercy, por supuesto), y de unos incipientes años 90 en los que su voz se expresaba sin expresión, dónde parecía el principio de un estirado fin. Curiosamente todo se recuperó ahí, con ese trascendental disco, quizá por la mano de Daniel Lanois a la producción, una capacidad interpretativa desbordante, una voz recuperada para la expresividad y el inicio de la ya conocida "Never ending tour".
De aquél año hasta su último trabajo recién editado, Dylan parece haber alcanzado ese estado de gracia con cuatro excelentes trabajos que recogen muy diferentes semillas que dieron como fruto, en los años 50, la música americana. Cuando se acerca el ocaso Dylan vuelve a la raiz para ceñirla a su voz rota, la del intérprete que susurra desde el otro lado de la conexión. Love and theft recuperaba el sonido más costero cercano a Florida. Modern times, ese blues urbano de Chicago y Together through live nos lleva al sur, a un entorno rural y callejero, Texas, Nuevo Mexico (preciosa "this dream of you"), a un viaje con la ventanilla abierta y experiencias culturales en las cunetas de los pueblos. Quizá utópico, pero alguna música tiene a veces el poder de darnos la utopía; por minutos, no más.
Together through live es un estupendo disco. Sencillo y agradecido. Es blues y calle (, "Shake, shake, mama") es acordeón, ese coche y esa carretera ("It's all good"), y esa chica que llevas contigo, la que no olvidarás...
"Oh, bien, te amo, preciosa, eres el único amor que he tenido Mientras estés conmigoel mundo entero es mi trono, más allá está la nada, nada hay que nos pertenezca"
Luis Moro participará en el I Ciclo de Conciertos de Inframundo organizado dentro de la programación previa a la II edición de los premiso inframundo a la música de A Coruña (PRIMUS 09). El ciclo se dividirá en cinco sesiones y Luis Moro participará en primera de ellas, la dedicada a la música de autor, que tendrá lugar el próximo viernes 8 de mayo en la Fundación Caixa Galicia de A Coruña, a las 20:00h, compaertiendo cartél con los solistas Feliz Arias, Cesar de Centi y Paris Joel.
Aquí os dejó el video de promo realizado por inframundo.
Suena propio. Un trabajo fuera de modas y estilos. Quizá parezca vislumbrarse en él una formación de sonoridad más contundente que la que se recoje en este "tendente a lo reposado" Hungry bird. Lo descubriré, porque tras haber conocido hace escasos meses a este cuarteto de Boston tengo ganas de sumergirme en su trayectoria. Una trayectoria que culmina, por ahora, con esta sexta entrega, para mí la primera en escucha.
Podría decirse que Hungry bird navega por la americana más tradicional de autor, pero bordeándola (prueba de ello "Beard of bees" o "With all my heart"). Picotea del soul de nuevo siglo (con la bella "Born a man") y ello se complementa a la perfección con el delicado dramatismo vocal de su vocalista Eef Barzelay y de algunas procesos guitarrísticos de gran intensidad ("Me no" o "Pray") que lo descontextualizan de cualquier corriente. Y quizá de toda esa conjunción aparece también, entre sus acordes, algunas pinceladas provinientes de diferentes lugares de Europa, sin saber muy bien cuáles, que se han colado en la intención del trabajo. Quizá las que hayan resultado de un trayecto largo por pequeñas localidades, para volver de regreso a America a darles orden.
Todo eso consigue que le álbum suene propio, como dije, un precioso disco. La semana que viene estarán el Vigo, y allí espero verlos en directo.
Muy interesante el segundo trabajo del leonés Fabián, titulado "Adios, tormenta". Su titulo describe el marco temporal de una etapa, concretamente su final. Si uno se sumerge en él, sobre todo en los textos, puede entender cuál es esa etapa. Creo que lo describe todo muy bien, con la expresividad y el sentimentalismo solitario que le caracteriza, y con una música completamente acorde con ello. Por eso se vislumbra un disco buscado, deseado. Un disco de experiencia vivida, intimista, de naturaleza acústica, sin pretensiones, natural.
Canciones como Horas de luz, Pequeño decimal, No estás hecha para mí o la homónima Adios, tormenta, fluyen entre terrenos muy americanos, entre Dylan y Drake, pero tan actuales en su sonoridad que lo acercan más fuertemente a ese "Kamikaces enamorados", que hace unos años publicó Quique González. Quizá las canciones no guarden el mismo feeling o brillo que su anterior trabajo "Espera a la primavera", quizá sean más pequeña cosa, algo más perezosas, algunas incluso bocetos. Pero sin duda, este “Adiós, tormena”, gana enormemente en intención y producción, lo que permite que finalmente sea saboreado con un regusto especial.